Canis lupus familiaris et homo sapiens

Los perros/as y las/as humanas/os

Condición humana y condición animal

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Reflexiones dedicadas a todos y todas las perritas guachas que andan en la calle.

 Laika, Lassie, Snoopy,  el recientemente fallecido perro raperro Spike, Argos, Dino, ah no, ese no es un perro, es un dinosaurio con trastorno de personalidad, Milo, Ulk (El perro embalsamado de Alessandri), Hachiko, mi Lulita, mi Nerón y tantos y tantas otras perritas en la historia y las memorias de las personas.

 En mi vida por ahora hay perros, pronto habrán gatos y otros animales que pueda tener en mi arca estacionaria, sin mares, pero no alejada de marejadas intensas, no obstante, este pequeño homenaje a ellos y ellas se hace extensivo a todo el maravilloso reino animal.

 Cuenta Bernardo Subercaseaux que “Sigmund Freud, que algo sabía del intrincado mundo de los seres humanos, el Freud que en una entrevista de 1926 dijo: ¿Qué objeción puede haber en contra los animales?. Y luego, pensando en su perro señaló: Yo prefiero la compañía de los animales que la compañía humana, las emociones del perro, nos recuerdan a los héroes de la antigüedad. Tal vez esa sea la razón por la que inconscientemente damos a nuestros perros nombres de héroes como Aquiles o Héctor”  o Nerón, el pirómano héroe extravagante que asesinó a su propia madre (según Wikipedia) Espero que mi propio perro héroe no haga eso conmigo.

 Es de mi interés rendir estos honores escritos a mis perros y a los de otras personas, porque la llegada de un hijo o una hija humano/a posterior a la adopción de una mascota es un apartado importante en la re adaptación de la dinámica familiar, por ejemplo: yo era madre soltera del Nerón Popini, luego llegó Andrés a muestras vidas,  nos emparejamos y adoptó a regañadientes a Nerón, ahí hubo un cambio sustancial en nuestra planificación familiar, ya que, por su parte Andrés vivía solo en un departamento y de pronto tenía compañera e hijo perro, para sumar complejidades, porque de eso se trata la vida. Ya viviendo juntos adoptamos a la Luli, perrita que había sufrido maltrato y abandono, eso ya fue más complicado porque la adaptación de dos perros puede durar meses, en el caso de ellos, solo dos. Ya en el concubinato y el idilio de esta familia hétero normativa e inter especie, decidimos co-crear a nuestro hijo, nunca imaginé que esa adaptación sería la más compleja de todas, absurdo de mi parte, ya que estábamos hablando de otra persona con todo de lo que esta investida una persona.

Es por eso que este somero escrito visibiliza cómo este tipo de familias jóvenes incipientes inter especies intentan adaptarse a los cambios de traer a un hijo humano al mundo y no dejar de abogar y amar con la misma intensidad a estos nobles compañeros/as.

 Cuando viene un hijo o una hija el mayor temor que puede tener un abuelo o una abuela es que el nieto o nieta se enfermen debido a alguna infección traspasada por el perro en cuestión, recuerdo comentarios de mi mamá del tipo: “después te vas a arrepentir” o de mi suegro: ”ahora los perros van a tener que dormir afuera, en el patio”. Mis respuestas variaban dependiendo de cuan hormonal estaba, pero por lo general gritaba: “NO!!”, Pensaba en que yo quería hacer las cosas diferente a lo que había escuchado, no quería dejar de dormir con mis perros, o dejar de quererlos, o que sin más no me importaran tanto, o dejarlos en el patio, o que nunca más se subiesen a la cama y todas esas cosas que implicaran regaloneo hacia ellos. Hoy creo que definitivamente hubiera sido más fácil dejarlos en el patio, pero soy una mujer de corazón frágil y ellos son demasiado parte de mi. La adaptación fue muy difícil, lloré mucho, mis perros desaparecieron el día que llegué con mi hijo Valentín de vuelta de la clínica (desaparecieron adentro de la casa), luego la Luli se apoderó del lugar de la cama de Nerón y no lo dejaba entrar a mi pieza, era como si Nerón hubiera perdido un trono. Que la Luli lo dejara subir a la cama tomó más de un mes, que aprendieran a no ladrar adentro de la pieza es aun proceso de aprendizaje, mi hijo aprendió a dormir con el sobre salto de un ladrido a la misma hora todos los días (a la hora que mi vecina saca a sus perros y los míos reaccionan) Luego muy de a poco comenzaron ambos a acercarse, a oler a Valentín Dionisio, a ser medios guardianes y hasta colechar conmigo y Valentín (siempre bajo mi estricta supervisión).

En mi imaginario cavernario tenia la idealización de la mezcla icónica del niño feral con el niño urbano, una imagen digna de  Edgar Rice Burroughsen, Rómulo y Remo o de Genoveva de Brabante, o de su hijo. Me imaginaba a Valentín sacándole un trozo de zanahoria a la Luli del hocico para llevársela a su boca o durmiendo en cucharita con ambos perros, sin embargo de a poco esa imagen se ha ido diluyendo y solo me interesa que convivamos tranquilos, ya no se si eso va a ocurrir, puede que si o que no, el tiempo dirá.

Todo este nuevo panorama de interacciones entre los perros y mi hijo me fue mostrando que no estaba tan equivocada, que con mucha paciencia, mucha mucha, amor, tiempo y dedicación la adaptación niños-perros puede lograrse con resultados positivos en cortos espacios temporales.

 “A partir de investigaciones sobre las bases neurofisiológicas del aprendizaje motor, los neordarwinistas afirman, complementando a Darwin, que el aprendizaje y cualquier comportamiento nuevo, como los que se dan por ejemplo en los perros domesticados, están siempre inscritos-por innovadores que sean-en un repertorio de conductas innatas, en pautas de comportamiento preexistente. Aprender, explica Julieta Troncoso, significa modificar los circuitos neuronales implicados en un comportamiento determinado. Pero esos circuitos existen previamente a la experiencia del aprendizaje. Eso explicaría que en un perro domesticado que aprendió a ser cariñoso y a jugar con los niños, se produzca de pronto una reversa, y reaparezca en él un instinto agresivo: es lo atávico que subyace en la memoria de la especie” (Subercaseaux, 2014, P.136) No tengo intenciones de hacerle mucho caso a los neodarwinistas, pero me gusta pensar que según ellos, incluso ellos, un perro es cariñoso con un niño porque en sus circuitos neuronales existe previamente la experiencia del cariño, para mi eso es lo mamífero, lo calientito, lo rupestre que nos conecta con otras especies, el compartir la experiencia del nido, el amamantamiento, el recordar, algo que los perros saben hacer bien (imagino que los gatos bien saben de esto también). Y en cuanto a los agresivo como ancestral, considero que eso nos atañe más a nosotros y nosotras en tanto humanas/os. Aun luego de ocho meses no he visto ningún comportamiento agresivo de los perros con Valentín, muy por el contrario, le mueven la cosa con ahínco y frenesí, lo lengüetean y lo buscan para jugar.

 El amor que yo siento especialmente por mi perro Nerón Popini es muy profundo, a mi perrita Luli Love la amo, la cuido y la mimo mucho, pero no es lo mismo, Nerón caló hondo en mi corazón desde el primer momento en que lo vi en mis pies en un bar mientras degustaba un histórico brebaje de las vides destiladas y la famosa bebida imperial en una tibia noche de verano. Nerón ocupa un lugar fundamental en mi vida, en mis quehaceres y mis pensamientos out door, en la traducción literal.

 Mis perros son mi familia, y sus pelos son como sus arrebatos, malas conductas y/o malas caras, algo que no me gusta, pero tengo que lidiar con eso, porque son parte de ellos.

 Cuando estaba preñeque entre que pensaba y mi mamá me decía majaderamente qué iba a pasar cuando llegara mi hijo a este cronotopos con el ítem perros, con el tiempo de los perros, con los paseos de los perros, con los juegos y los pelos, los famosos pelos, no sabía muy bien como íbamos a  salir airosos de eso, ya que los perros tenían un montón de rutinas que pensé que no podían cambiar, sin embargo, cambiaron, pero no tengo dudas en que estamos todos cómodos con esos cambios. Algunos los implementé yo y algunos incluso ellos, como la decisión de la Luli de dormir en el living sola hasta bien entrada la madrugada que es recién cuando busca asilo.

 Mientras estuve embarazada las caminatas con los perros eran muy agradables como siempre, relajantes para ellos y para mi, divertidas y amigables, bañarlos, llevarlos a la veterinaria, darles la comida, la zanahoria que comen todos los días (mis perros son adictos a la zanahoria) tirarles la pelotita, cortarles el pelo, dormir en cucharita e infinitos cariños eran parte de la rutina diaria, hasta el día de mi parto estuve haciendo trabajo de preparto en mi casa acostada con mi pareja y con Nerón calentándome los pies y la Luli apoyada en mi guata hiper móvil. Hoy los perros son parte de la cotidianidad de mi hijo, Nerón y Luli lo confortan, en la mañana Luli nos siente despertar y se sube a la cama y las carcajadas de mi hijo se escuchan en toda la casa, luego llega Nerón que es mas remolón, y a pesar que duerme al lado mío en el suelo en su propia camita, se demora más en hacerse presente, pero sube y Valentín trata de tomarlo y jugar con el, pero vamos despacio y Nerón es un poco mal genio, con la Luli no hay conflictos, la toca, le entierra los deditos en el pelaje, le tira la oreja y la Luli lo mira como enamorada. Cuando tengo que salir y mi mamá se queda con Valentín me cuenta que al despertar de la siesta ver a los perros lo sitúa en la casa y lo tranquiliza y no llora.

 Como nos comenta Bernardo Subercaseaux en su maravillo libro “El mundo de los perros y la literatura”, a principios del siglo XX “Jack London defendió la idea de que los animales no son solo autómatas que actúan por mecanismos reflejos, sino que también hay en ellos emociones, memoria y un razonamiento rudimentario ante situaciones concretas, la visión de que el ser humano es el único animal capaz de razonar es anticuada, homocéntrica e ignora los hechos de la evolución”. Yo no tengo dudas de la nobleza y complejidades afectivas de mis compañeros perros, veo en ellos una tremenda capacidad de amar, de entrega, de consuelo y empatía. Mas allá de que mi hijo seguro que tendrá muy buenas defensas del organismo dado que los perros le pasan la lengua y juegan con él (luego de comer heces de algún gato que pasó por el patio), no tengo dudas de que haber nacido con perros lo harán una mejor persona, amorosa y consiente de su entorno y de las otras especies de la flora y la fauna con las que convive en este mundo. Nunca dudé que se amarían y se amarán mucho. Mi amado hijo humano y mis amados hijos perros coexisten y cohabitan en el mundo y en mi corazón.

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Como documento adjunto dejo una carta que escribí sobre mis perros poco antes que naciera mi hijo.

 En un momento de la vida me vi en una tremenda y terrible encrucijada, estaba recién separada de mi pareja de ese entonces y tenía que dejar el departamento que compartíamos, estaba sin trabajo, sin ahorros y con mi amigo compañero y amor perro a cuestas. Pensé en la desesperación en buscarle un hogar donde lo amaran como yo, donde fuera prioridad, durmiera en la camita, le soportaran los ladridos agudos y constantes de perrito ansioso que había sufrido varios abandonos previos (es un perrito rescatado de la calle que había tenido además varias familias que lo dejaban), donde le dieran las zanahorias peladas como le gustan, le compraran huesos de cartílago, y le dieran a veces esa comidita húmeda mezclada con sus pellet y que a fin de mes le llegara una pechuga de pollo si es que había estado bueno el fin de mes, dónde podría él haber encontrado eso, en muchos lugares quizás, pero no era yo la que podría brindárselo.
 Mis amigas y amigos me decían que era una buena decisión “deshacerme” de mi perro en ese difícil momento de mi vida, mi mamá no solo me apoyaba, me lo pedía. En el proceso de encontrarle un hogar empecé a sentirme muy mal, con mucha angustia, me di cuenta que si tenía que terminar debajo del puente con mi compañero perro, con mi Nerón, pues así tenía que ser, fueron pasando las semanas y algunos amigos y amigas (Pablo, Agni, Max) me ayudaron con tenerlo en sus casas, quererlo, cuidarlo y soportarlo hasta que encontré una casa donde no había problemas para arrendar con mi compañero perro hijo.
 Dos años después de todo eso, estaba mirando la vida de mis contactos de Facebook, donde además estoy metida en varias paginas de protección a animales y me encuentro con la historia de Luli; Luli tenia dos años, había pasado su primer año de vida aguachada en una construcción, ahí había pasado frío todo un invierno y había tenido a sus crías (Nadie sabe que paso con esos cachorros) hasta que la recogió una muchacha joven que vio en sus ojos lo que yo vi después, ella (no me acuerdo de su nombre en este momento) la esterilizó y trató de quedársela, pero vivía con su mamá en un edificio que no aceptaban mascotas y estaban con demoras en la obtención de su subsidio habitacional, en fin, no podía tener a la Luli, la entregó a dos familias antes que a mi, pero la devolvieron porque ladraba mucho (los perros y las perras ladran y ladran más cuando no les dan atención, es su manera de comunicarse) La publicación decía que ya no tenia opción y que debía volver a la calle; ella, la mezticita pequeña que ya había pasado por una construcción, por un invierno en la calle, por ver desaparecer a sus cachorros, por pasar por lo que pasó, que tristeza.
 Yo ya sabia de mis dos meses de embarazo, por eso hablé con la muchacha que la tenía y le pedí que la trajera a mi casa, que yo podría ser hogar temporal de ella. Han pasado 6 meses desde que la Luli llego a mi vida, a la vida de Nerón, a la vida de mi hijo en gestación y no menor además todos llegamos a la vida de mi pareja y estamos felices los cinco. En este proceso en que todos y todas nos adoptamos, hemos descubierto el poder sanador del alma y la entrega absoluta del amor canino. Luli y Nerón han sido de las mejores decisiones que he tomado en la vida, estoy ansiosa de que Valentín y ustedes se conozcan, estoy segura que se amaran mucho.

 

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