Cansancio.

Madre “veinticuatro siete”

Captura de pantalla 2017-06-22 a las 02.07.23

 

“Joven decadente” Ramón Casas. 1899

 

Soy mamá de un humano, un perro y una perrita, estudiante, dueña de casa, trabajadora y pareja.

Mi hijo tiene casi 23 meses, corre para todos lados, trepa, corre, se ríe a carcajadas, llora con el alma de un poeta maldito, vehemente, hace pataletas, me abraza fuerte y apretado, dice muchas palabras, exige, pide, reclama, me dice: “amo mami” y aparecen dientes en mi cara que de un tiempo a esta parte más se ha acostumbrado a unas grandes bolsas bajo los ojos en dirección al abismo.

Estoy muy cansada, a veces me siento derrotada, lloro con mi hijo cuando no puedo controlar la situación, y me auto impongo “yo soy la adulta, yo tengo que estar bien, saber como reaccionar porque tengo herramientas“, falso; si tuviera otro u otra hija seguro tendría herramientas, los conocimientos los voy adquiriendo en la medida que avanza y madura la madre en la que me convertí y me convierto día a día.

A propósito de esto mismo siempre me acuerdo de una amiga que hace un tiempo tenía una hija de 15 años otro de 12 años y la última de 5 años, ella me  comentaba con un tremendo nivel de análisis que con la menor era más fácil porque ya había sido mamá de una pequeña de 5 años antes y que a pesar de las individualidades son etapas parecidas en los y las niñas, pero que con la de 15 años estaba complicada, porque nunca había sido madre de una adolescente… Bueno así estoy yo, soy madre por primera vez de mi hijo en cada nueva etapa, y se vive enérgicamente.

La maternidad no esta hecha para una mujer sola, debe ser compartida ya sea con una abuela, abuelo, hermanx, un marido o una pareja del sexo que sea, hace poco conversaba con una mujer que me contaba de una pareja lesbiana que se había separado luego de que al nacer el segundo de sus hijos la “contraparte” (la que no parió ni entrega lactancia materna) nunca asumiera el rol compartido, me hizo pensar en cuán hondo ha calado el sistema atávico en la maternidad o en la crianza (como se quiera nombrar) se hace patente y se demarca con destacador fluorecente. Y es así que estar sola por el motivo que sea puede ser muy alienante y el síndrome burn out o las depresiones, estados melancólicos y/o fibromialgias están al acecho tal jaguar en la amazonía, por lo tanto, el auto cuidado es importante, a veces cuesta ver que el bienestar de la madre es primordial en el bienestar del o la hija o hijes. En la vida individualista es complejo ver a otras personas y muy incorpóreo a otra madre , es así que aparecen o recurro a “las otras mamitas” escuchar a esas amigas que están igual a ti, a una, o que ya pasaron por lo que estás pasando que  es realmente estremecedor, genera un extraño pero cercano sentido consuelo. Tiendo a naturalizar este estado de injusticia cuando hablo o escucho a otras madres que están en la misma, unas se lo toman mejor que otras, pero para todas las madres que conozco con diferencias culturales y económicas es bien parecido el panorama. Es agotador, sin redes de apoyo no hay tiempo para una, depilarse es algo que ocurrió en algún momento de la vida, lo recuerdo casi como una fiesta de 15, algo que pasó hace mucho tiempo.

Como si lo que ya es de perogrullo fuera poco, con el tiempo, las guarderías y/o jardines infantiles y el invierno duro de este extremo sudoeste de America del sur aparecen las enfermedades: adenovirus, enterovirus, refríos comunes, resfríos malditos, influezas, sinciciales, pestes de diferentes índoles y esas eternas listas de consultaciones al Vademécum que anegan nuestras preocupaciones. Es en ese momento en que el mundo se detiene, llamas a tu jefa/e,  a tus colegas, a las personas con las que trabajas y dices: ” mi hije esta enferma/o”  que es lo mismo que decir: ” tengo una terrible enfermedad y no puedo hacer nada más que atenderla” y sientes la presión de ser una persona irresponsable con la que el resto no puede contar porque “tienes un hijo/a” y solo quieres que tu retoño/a esté bien y se recupere y no sabemos como lidiar bien con el agente extraño que en realidad no es tan extraño que invade o visita el cuerpo de tu pequeño/a. La situación enfermedad es lo peor, los y las niñas quedan como pollos, decaidxs, no quieren tomar agua, se ponen muy lloronxs y solo quieren estar con su mamá y/o cuidador/a , yo he tenido que ir al baño con mi hijo en brazos, también podría escucharlo llorar mientras micciono, pero he preferido por lo general que no llore.

Todo lo expuesto no es una queja aunque lo pareciera, es una acto reivindicatorio a la ardua labor de los cuidados infantiles, una desmitificación con respecto a las maternidades Disney de publicidad, un punto de vista, una forma de ver lo complejo, lo agotador, lo desgastante de lo mejor y más difícil que he hecho en mi vida, ser mamá de un pequeño humano maravilloso.

Quise poner como representación del agote a la “Joven decadente” que nada tiene que ver conmigo en este momento, pero me recuerda el lujo que era procrastrinar. Hace unos días hablé por teléfono con mi hermana y le pregunte un sábado en la noche: “qué haces hoy” y me responde: ” descansar”, ahí me di cuenta que eso es algo que no hago hace dos años,  que es más, no he usado ese verbo en relación a mi.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

Materna Rebelde

Tú decides cómo vivir tu gestación, parto, lactancia y crianza de tus hijos e hijas. Información, experiencia, acompañamiento, libertad para elegir. Más corazón, menos instrucciones. ¡Materna Rebelde!

Internet.SOS

Potenciamos tus proyectos en Internet: Sitios web, hosting, WordPress

Anidasur

Maternidad en la tierra

A %d blogueros les gusta esto: