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Porteo

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Porteo: cangurismo desde el inicio de los tiempos hasta hoy.

porteo doble nigera 1935

Nigeria 1935

No tengo claro cuando conocí el porteo, no fue algo que me sorprendiera o quizás fue algo que me hizo tanto sentido que lo integré de inmediato. Me acuerdo que una vez fui al supermercado, yo estaba comprando algún trago y me encontré con mi amigo Diego que estaba porteando a su hija Jacinta, ella era muy pequeñita, tenía como un mes y se veía muy segura y muy tranquila en ese espacio, en ese lugar de resguardo que es el cuerpo protector de padres, madres y/o cuidadores/as. Años más adelante y con la llegada del “baby boom” entre mis pares, mi Facebook se lleno de fotografías de madres y padres porteando a sus hijos, super bien.

Cuando estaba embarazada fui a una feria Ecomamá* con mi amiga Pancha, ella iba porteando a su hija Sayén Killari, y ese día compré mi fular (Fulares KUMELEN**) un fular verde que no tardé en lavar para que estuviera listo para cuando llegara mi Valentín Dionisio, mi pareja, mi madre y mi familia no entendían mucho de qué se trataba, la verdad es que yo tampoco,  o sea, no tenía un cuento o un discurso armado con respecto al fular, solo me parecía que si lo hacían desde siempre las bolivianas estaba bien.

Carlos González, el pediatra español famoso tiene un atractivo relato referente a las guaguas y su historial de porteo.

“hace 100.000 años, en algún lugar de África. Un grupo de seres humanos se desplaza lentamente por la pradera. Tal vez adoptan una formación casi militar, como lo hacen lo babuinos: Las mujeres y los niños van en el centro; los varones las rodean, algunos armados con palos. Algunas de las mujeres están embarazadas, otras llevan en brazos a sus bebés, la tribu entera reduce su marcha para adaptarla a la de sus miembros más lentos. Se detienen aquí y allá para alcanzar unas frutas, abarcar unas raíces o degustar unas nutritivas hormigas. Con suerte, su inteligencia, su coordinación y su habilidad para lanzar piedras les permitirán cazar algún pequeño animal o disputar la carroña a las hienas.

¿Dónde están los bebés? ¿Los dejaron en su casa, en una cuna, al cuidado de una canguro, mientras iban a trabajar? Seguro que no. No había casas, no había cunas, la tribu se desplazaba unida.

Los monitos recién nacidos se agarran al pelo de su madre con pies y manos, y al pezón con la boca,  y así viajan de árbol en árbol, seguros con sus sólidos cinco puntos de anclaje. Los chimpancés y los gorilas se nos parecen tanto que el recién nacido no es capaz de agarrarse a la madre; ella tiene que sujetarle con un brazo para que no se caiga. Pero solo durante las primeras dos o tres semanas; después es la cría la que se agarra sola. ¿A qué edad, se atrevería usted a llevar a su hijo colgado, sin pañoletas ni mochilas, sin sujetarlo con una mano, y saltando de árbol en árbol? No hay ningún otro animal sobre la faz de la tierra que necesite más de un año simplemente para agarrarse a su madre.

Cuando no existían telas ni cuerdas, ni mucho menos cochecitos, las madres llevaban a sus hijos en brazos todo el día, la mayoría de las veces sujetándolo con el izquierdo mientras el derecho quedaba libre para comer (o al revés, si la madre era zurda). Probablemente mamaban en chupadas cortas y muy frecuentes, como los bosquimanos actuales, y varias veces por hora (la succión tan intensa inhibe la ovulación, y la mayoría de las madres solo tenía un hijo cada tres o cuatro años…, a menos que el bebe muriera antes). En los momentos de descanso, la madre se sentaba con el bebe en su regazo, o se echaba en el suelo con el bebe encima. A medida que iba creciendo, la cría necesitaba menos a su madre y también pesaba más; probablemente la abuela, el padre o los hermanos mayores ayudaban a la madre en el transporte. Es casi seguro que los bebés estaban cada minuto las 24 horas del día en contacto físico con otra persona, casi siempre con su madre, hasta que empezaban a gatear. Y hasta varios años después estaban en contacto físico, si no las 24 horas, si al menos una buena parte del tiempo. Incluso niños de tres o cuatro años, que pueden andar durante un buen rato, tendrían que ir en brazos si la tribu se desplazaba varios kilómetros.

Así pues, durante millones de años la evolución natural ha favorecido a aquellos niños que disfrutan yendo en brazos, pero se enfadan si se les deja solos. Era una cuestión de supervivencia”. (González, 2012, P.68-70)

 Durante todo mi embarazo y puerperio me conecté con lo más mamífero y cavernario, y esto del porteo me parecía un conducto regular a seguir, gestación exógena también le llaman, como mi hijo nació en invierno, fue muy fácil portearlo muchas horas al día porque no nos daba calor y él pesaba lo mismo que en la guata (panza-barriga), así que no era tanta la diferencia, por lo demás me permitía sortear con magnifica eficiencia las artes del retrete y las naturales e involuntarias intervenciones escatológicas del organismo.

Salir a la calle, pasear con mis compañeros perros y tener las manos, los brazos libres me hacia sentir más autónoma dentro de toda esta sensación de pérdida de autonomía que trajo consigo el puerperio, me hacía sentir mejor mamá, una mamá cariñosa, podía sentir el cuerpo, la respiración y los latidos de mi hijo, saber cuando tenia hambre, conocer sus ruiditos de muñeco de madera (las guaguas crujen) estar en contacto. Por otro lado podía cocinar, barrer, lavarme los dientes y peinarme, ir a comprar el pan y caminar, sobre todo caminar, es una deliciosa sensación marsupial.  Hasta hoy (mi hijo tiene 8 meses) porteo a mi hijo y me imagino que lo voy a seguir porteando mucho más, hasta que me aguante la espalda.

El ítem que puede ser divertido, solo porque se recuerda a la distancia, como en todo lo que respecta a la maternidad, son los comentarios de familiares y personas desconocidas; “ese niño se esta ahogando ahí”, “ese niño va mal”, “eso le debe hacer pésimo”, “qué estás haciendo con ese niño” (con tono escandalizado).Así fue entonces como la suegra de mi papá le pegó un charchaso a mi guagua recién nacida porque pensó que estaba porteando a mi perro Nerón, una señora de edad avanzada me pidió que llegara hasta ella para preguntarme: “¿Qué llevas ahí?” a lo que respondí: ”A mi hijo”, a lo que arremetió: “¿Él está bien ahí?” a lo que contesté:” No señora, esta mal…” pobre señora, ella claramente no sabía que era la quincuagésima mujer/hombre que me preguntaba lo mismo, y que agradezca que no fue a ella a la que le respondí: “ No señora mi hijo esta pésimo, murió hace dos meses y lo llevo porque me volví loca y no puedo superarlo”. Incluso personas me preguntaron si mi hijo era real, a esa pregunta no supe que responder, pensé en lo simbólico en lo que significamos, lo imaginario y me fui en tan gran volada que cuando caí en cuenta de que la pregunta era más concreta, esa persona ya se había ido.

 

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chile 2016

El porteo es milenario y se practica en todas las culturas, los niños y niñas (puestos de manera correcta) no se ahogan, ni les hace mal, muy por el contrario, el contacto con la madre o cuidador/ra los hace dormir mucho mejor, evita el reflujo y los cólicos, evita la displasia de caderas, y esta lleno de tutoriales en you tube para aprender a usarlos y la postura adecuada para cada etapa del desarrollo del niño o niña, yo dejé de usar el fular y ya uso hace un mes la mochila de porteo (no se recomienda si la guagua aun no afirma la cabeza sola), es más rápida de poner, la uso yo y mi pareja, a los dos nos gusta mucho, el fular es maravilloso, pero mi compañero humano se enredaba con los nudos. Me hubiera encantado haber sido porteada, que lástima que las practicas de los pueblos originarios hayan estado, estén,  tan subyugadas hace tanto tiempo, esa invisibilización nos mal configura.

* Las ferias Ecomamá se hacen en el cine arte alameda de vez en cuando, hay una página de Facebook, https://www.facebook.com/feriaecomama/?fref=ts , de donde se puede obtener información, es un buen lugar para abastecerse de regalos para amigas/amigos y para una, collares y pulseras de ámbar, mordedores, copita menstrual, toallas higiénicas de género, ropa tejida a mano, poleras de lactancia, contenedores de lactancia de género, fulares, mochilas, clases de porteo, comidas ricas, cremas y aceites naturales, baberos, zapatos ergonómicos.

**Fulares Kumelen, la mujer que los hace y vende no es amiga mía, pero respeto y apoyo su emprendimiento y ya le he comprado varios para regalar, tiene variedad de colores, diseños y géneros, hace entregas en algún Metro y también va a ferias https://www.facebook.com/Fular-Portabeb%C3%A9s-Kumelen-337824459738043/?fref=ts, ella se llama Jacqueline Quintanilla +56 9 93198888

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A PROPÓSITO DEL PORTEO, EXPERIENCIA EN BIODANZA

En mi barrio hay un almacén al que voy casi todos los días, un día de febrero caminando de vuelta de comprar pan vi un letrero, un afiche que decía “Bio-danza con porteo” o algo así (ya no recuerdo bien) en barrio Bellavista, en el afiche aparecía un Facebook, me metí y hablé por primera vez con BIODANZA PRE Y POST NATAL “Gestar y Portear en Ronda”, me puse contenta porque había un cupo para mi y mi cachorro y además quedaba a una cuadra y media de mi casa. Pensé que hace tiempo estaba buscando alguna actividad para hacer con mi hijo, pero más había pensado en yoga o salir a correr con el cochecito (mentira nunca he corrido ni para alcanzar la micro).

Cuando llegó el día de asistir a la Bio-danza  me acorde de la vez que había ido hace años sola a una “sesión” y que al principio no había sido muy cómodo, que me sentía como pollo en corral ajeno, o esa vez que fui a la finalización del taller donde mi amiga aprendió a ser facilitadora de danza terapia y terminé revolcándome por el suelo con gente desconocida, con esos recuerdos y pensamientos iba caminando con mi cachorrito más seria que perro en bote cuando llegué AL LUGAR, esperé unos minutos con algunas mamás y sus hijos e hijas (un grupo de 5 madres y 5 hijos e hijas) en ese momento las observé y sentí que estábamos todas en las mismas, no me encontré con un grupo de eco madres hippies como en el prejuicio había imaginado, mientras subíamos las escaleras estaba expectante, quería ya empezar, como buena bruja había sentido buena onda con todas las mamás que estaban ahí (espero que ellas hayan sentido lo mismo) así que estaba más que dispuesta, esperando que no tuviera/mos que interactuar tanto con otras personas, sin tanto “toqueteo” pero estaba equivocada, la interacción fue mucha y lo agradezco profundamente, ya que en la soledad (auto impuesta o no) que trae consigo el puerperio el tacto con otras personas puede desaparecer y se hace realmente necesario.

Nos presentamos, presentamos a nuestros hijos e hijas e iniciamos con respiraciones, todo esto porteando a nuestros hijos e hijas, caminamos, soltamos el cuerpo y la mente, nos entregamos a ese espacio único e irrepetible en el tiempo donde el cometido primordial era abrirse, entregarse a la experiencia y sentir, conectarse con una misma y con la otra madre de al lado, de al frente y del otro lado, verse reflejada y ser el espejo de esa otra mujer aprendiendo a conocerse en esta nueva faceta y aprendiendo a conocer a esa persona que se eligió traer a este mundo. Al finalizar la serie de ejercicios y movimientos conversamos, hicimos tribu, esa tribu nueva que hacemos las que somos madres, ese espacio lleno de interrupciones con la concentración multidireccionada con la que aprendemos a vivir, hablamos de lo que nos pasó y de lo que nos pasa, fuimos todas respetuosas con la otra, con sus apreciaciones, sentimientos y opiniones, yo me sentí afortunada de ser mujer, de tener esos espacios, de poder tener intimidad con otras mujeres que venia recién conociendo y que fuera natural en ese espacio, de tener un espacio para conectarme con mi hijo sin estar pensado en las banalidades de la cotidianidad. Yo seguí asistiendo a Bio danza con porteo y buscaría ese mismo espacio u otro de las mismas características para hacer que mi hijo desde guagua tenga ese tipo de espacios integrados en su ser.

Gracias Julie por tu experticia y tu buena onda.

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