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Puerperio

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Porteo: cangurismo desde el inicio de los tiempos hasta hoy.

porteo doble nigera 1935

Nigeria 1935

No tengo claro cuando conocí el porteo, no fue algo que me sorprendiera o quizás fue algo que me hizo tanto sentido que lo integré de inmediato. Me acuerdo que una vez fui al supermercado, yo estaba comprando algún trago y me encontré con mi amigo Diego que estaba porteando a su hija Jacinta, ella era muy pequeñita, tenía como un mes y se veía muy segura y muy tranquila en ese espacio, en ese lugar de resguardo que es el cuerpo protector de padres, madres y/o cuidadores/as. Años más adelante y con la llegada del “baby boom” entre mis pares, mi Facebook se lleno de fotografías de madres y padres porteando a sus hijos, super bien.

Cuando estaba embarazada fui a una feria Ecomamá* con mi amiga Pancha, ella iba porteando a su hija Sayén Killari, y ese día compré mi fular (Fulares KUMELEN**) un fular verde que no tardé en lavar para que estuviera listo para cuando llegara mi Valentín Dionisio, mi pareja, mi madre y mi familia no entendían mucho de qué se trataba, la verdad es que yo tampoco,  o sea, no tenía un cuento o un discurso armado con respecto al fular, solo me parecía que si lo hacían desde siempre las bolivianas estaba bien.

Carlos González, el pediatra español famoso tiene un atractivo relato referente a las guaguas y su historial de porteo.

“hace 100.000 años, en algún lugar de África. Un grupo de seres humanos se desplaza lentamente por la pradera. Tal vez adoptan una formación casi militar, como lo hacen lo babuinos: Las mujeres y los niños van en el centro; los varones las rodean, algunos armados con palos. Algunas de las mujeres están embarazadas, otras llevan en brazos a sus bebés, la tribu entera reduce su marcha para adaptarla a la de sus miembros más lentos. Se detienen aquí y allá para alcanzar unas frutas, abarcar unas raíces o degustar unas nutritivas hormigas. Con suerte, su inteligencia, su coordinación y su habilidad para lanzar piedras les permitirán cazar algún pequeño animal o disputar la carroña a las hienas.

¿Dónde están los bebés? ¿Los dejaron en su casa, en una cuna, al cuidado de una canguro, mientras iban a trabajar? Seguro que no. No había casas, no había cunas, la tribu se desplazaba unida.

Los monitos recién nacidos se agarran al pelo de su madre con pies y manos, y al pezón con la boca,  y así viajan de árbol en árbol, seguros con sus sólidos cinco puntos de anclaje. Los chimpancés y los gorilas se nos parecen tanto que el recién nacido no es capaz de agarrarse a la madre; ella tiene que sujetarle con un brazo para que no se caiga. Pero solo durante las primeras dos o tres semanas; después es la cría la que se agarra sola. ¿A qué edad, se atrevería usted a llevar a su hijo colgado, sin pañoletas ni mochilas, sin sujetarlo con una mano, y saltando de árbol en árbol? No hay ningún otro animal sobre la faz de la tierra que necesite más de un año simplemente para agarrarse a su madre.

Cuando no existían telas ni cuerdas, ni mucho menos cochecitos, las madres llevaban a sus hijos en brazos todo el día, la mayoría de las veces sujetándolo con el izquierdo mientras el derecho quedaba libre para comer (o al revés, si la madre era zurda). Probablemente mamaban en chupadas cortas y muy frecuentes, como los bosquimanos actuales, y varias veces por hora (la succión tan intensa inhibe la ovulación, y la mayoría de las madres solo tenía un hijo cada tres o cuatro años…, a menos que el bebe muriera antes). En los momentos de descanso, la madre se sentaba con el bebe en su regazo, o se echaba en el suelo con el bebe encima. A medida que iba creciendo, la cría necesitaba menos a su madre y también pesaba más; probablemente la abuela, el padre o los hermanos mayores ayudaban a la madre en el transporte. Es casi seguro que los bebés estaban cada minuto las 24 horas del día en contacto físico con otra persona, casi siempre con su madre, hasta que empezaban a gatear. Y hasta varios años después estaban en contacto físico, si no las 24 horas, si al menos una buena parte del tiempo. Incluso niños de tres o cuatro años, que pueden andar durante un buen rato, tendrían que ir en brazos si la tribu se desplazaba varios kilómetros.

Así pues, durante millones de años la evolución natural ha favorecido a aquellos niños que disfrutan yendo en brazos, pero se enfadan si se les deja solos. Era una cuestión de supervivencia”. (González, 2012, P.68-70)

 Durante todo mi embarazo y puerperio me conecté con lo más mamífero y cavernario, y esto del porteo me parecía un conducto regular a seguir, gestación exógena también le llaman, como mi hijo nació en invierno, fue muy fácil portearlo muchas horas al día porque no nos daba calor y él pesaba lo mismo que en la guata (panza-barriga), así que no era tanta la diferencia, por lo demás me permitía sortear con magnifica eficiencia las artes del retrete y las naturales e involuntarias intervenciones escatológicas del organismo.

Salir a la calle, pasear con mis compañeros perros y tener las manos, los brazos libres me hacia sentir más autónoma dentro de toda esta sensación de pérdida de autonomía que trajo consigo el puerperio, me hacía sentir mejor mamá, una mamá cariñosa, podía sentir el cuerpo, la respiración y los latidos de mi hijo, saber cuando tenia hambre, conocer sus ruiditos de muñeco de madera (las guaguas crujen) estar en contacto. Por otro lado podía cocinar, barrer, lavarme los dientes y peinarme, ir a comprar el pan y caminar, sobre todo caminar, es una deliciosa sensación marsupial.  Hasta hoy (mi hijo tiene 8 meses) porteo a mi hijo y me imagino que lo voy a seguir porteando mucho más, hasta que me aguante la espalda.

El ítem que puede ser divertido, solo porque se recuerda a la distancia, como en todo lo que respecta a la maternidad, son los comentarios de familiares y personas desconocidas; “ese niño se esta ahogando ahí”, “ese niño va mal”, “eso le debe hacer pésimo”, “qué estás haciendo con ese niño” (con tono escandalizado).Así fue entonces como la suegra de mi papá le pegó un charchaso a mi guagua recién nacida porque pensó que estaba porteando a mi perro Nerón, una señora de edad avanzada me pidió que llegara hasta ella para preguntarme: “¿Qué llevas ahí?” a lo que respondí: ”A mi hijo”, a lo que arremetió: “¿Él está bien ahí?” a lo que contesté:” No señora, esta mal…” pobre señora, ella claramente no sabía que era la quincuagésima mujer/hombre que me preguntaba lo mismo, y que agradezca que no fue a ella a la que le respondí: “ No señora mi hijo esta pésimo, murió hace dos meses y lo llevo porque me volví loca y no puedo superarlo”. Incluso personas me preguntaron si mi hijo era real, a esa pregunta no supe que responder, pensé en lo simbólico en lo que significamos, lo imaginario y me fui en tan gran volada que cuando caí en cuenta de que la pregunta era más concreta, esa persona ya se había ido.

 

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chile 2016

El porteo es milenario y se practica en todas las culturas, los niños y niñas (puestos de manera correcta) no se ahogan, ni les hace mal, muy por el contrario, el contacto con la madre o cuidador/ra los hace dormir mucho mejor, evita el reflujo y los cólicos, evita la displasia de caderas, y esta lleno de tutoriales en you tube para aprender a usarlos y la postura adecuada para cada etapa del desarrollo del niño o niña, yo dejé de usar el fular y ya uso hace un mes la mochila de porteo (no se recomienda si la guagua aun no afirma la cabeza sola), es más rápida de poner, la uso yo y mi pareja, a los dos nos gusta mucho, el fular es maravilloso, pero mi compañero humano se enredaba con los nudos. Me hubiera encantado haber sido porteada, que lástima que las practicas de los pueblos originarios hayan estado, estén,  tan subyugadas hace tanto tiempo, esa invisibilización nos mal configura.

* Las ferias Ecomamá se hacen en el cine arte alameda de vez en cuando, hay una página de Facebook, https://www.facebook.com/feriaecomama/?fref=ts , de donde se puede obtener información, es un buen lugar para abastecerse de regalos para amigas/amigos y para una, collares y pulseras de ámbar, mordedores, copita menstrual, toallas higiénicas de género, ropa tejida a mano, poleras de lactancia, contenedores de lactancia de género, fulares, mochilas, clases de porteo, comidas ricas, cremas y aceites naturales, baberos, zapatos ergonómicos.

**Fulares Kumelen, la mujer que los hace y vende no es amiga mía, pero respeto y apoyo su emprendimiento y ya le he comprado varios para regalar, tiene variedad de colores, diseños y géneros, hace entregas en algún Metro y también va a ferias https://www.facebook.com/Fular-Portabeb%C3%A9s-Kumelen-337824459738043/?fref=ts, ella se llama Jacqueline Quintanilla +56 9 93198888

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A PROPÓSITO DEL PORTEO, EXPERIENCIA EN BIODANZA

En mi barrio hay un almacén al que voy casi todos los días, un día de febrero caminando de vuelta de comprar pan vi un letrero, un afiche que decía “Bio-danza con porteo” o algo así (ya no recuerdo bien) en barrio Bellavista, en el afiche aparecía un Facebook, me metí y hablé por primera vez con BIODANZA PRE Y POST NATAL “Gestar y Portear en Ronda”, me puse contenta porque había un cupo para mi y mi cachorro y además quedaba a una cuadra y media de mi casa. Pensé que hace tiempo estaba buscando alguna actividad para hacer con mi hijo, pero más había pensado en yoga o salir a correr con el cochecito (mentira nunca he corrido ni para alcanzar la micro).

Cuando llegó el día de asistir a la Bio-danza  me acorde de la vez que había ido hace años sola a una “sesión” y que al principio no había sido muy cómodo, que me sentía como pollo en corral ajeno, o esa vez que fui a la finalización del taller donde mi amiga aprendió a ser facilitadora de danza terapia y terminé revolcándome por el suelo con gente desconocida, con esos recuerdos y pensamientos iba caminando con mi cachorrito más seria que perro en bote cuando llegué AL LUGAR, esperé unos minutos con algunas mamás y sus hijos e hijas (un grupo de 5 madres y 5 hijos e hijas) en ese momento las observé y sentí que estábamos todas en las mismas, no me encontré con un grupo de eco madres hippies como en el prejuicio había imaginado, mientras subíamos las escaleras estaba expectante, quería ya empezar, como buena bruja había sentido buena onda con todas las mamás que estaban ahí (espero que ellas hayan sentido lo mismo) así que estaba más que dispuesta, esperando que no tuviera/mos que interactuar tanto con otras personas, sin tanto “toqueteo” pero estaba equivocada, la interacción fue mucha y lo agradezco profundamente, ya que en la soledad (auto impuesta o no) que trae consigo el puerperio el tacto con otras personas puede desaparecer y se hace realmente necesario.

Nos presentamos, presentamos a nuestros hijos e hijas e iniciamos con respiraciones, todo esto porteando a nuestros hijos e hijas, caminamos, soltamos el cuerpo y la mente, nos entregamos a ese espacio único e irrepetible en el tiempo donde el cometido primordial era abrirse, entregarse a la experiencia y sentir, conectarse con una misma y con la otra madre de al lado, de al frente y del otro lado, verse reflejada y ser el espejo de esa otra mujer aprendiendo a conocerse en esta nueva faceta y aprendiendo a conocer a esa persona que se eligió traer a este mundo. Al finalizar la serie de ejercicios y movimientos conversamos, hicimos tribu, esa tribu nueva que hacemos las que somos madres, ese espacio lleno de interrupciones con la concentración multidireccionada con la que aprendemos a vivir, hablamos de lo que nos pasó y de lo que nos pasa, fuimos todas respetuosas con la otra, con sus apreciaciones, sentimientos y opiniones, yo me sentí afortunada de ser mujer, de tener esos espacios, de poder tener intimidad con otras mujeres que venia recién conociendo y que fuera natural en ese espacio, de tener un espacio para conectarme con mi hijo sin estar pensado en las banalidades de la cotidianidad. Yo seguí asistiendo a Bio danza con porteo y buscaría ese mismo espacio u otro de las mismas características para hacer que mi hijo desde guagua tenga ese tipo de espacios integrados en su ser.

Gracias Julie por tu experticia y tu buena onda.

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Foja cero y Fenómeno Postergeist*

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Acuarela Lus Marina Gainza Jauregui

A esta etapa le he querido llamar “fenómeno postergeist” del latin postergare y del adverbio latino post/después, porque el nivel de postergación y carencia de control tanto propio como del entorno, al que puede llegar la madre es radicalmente paranormal, entendiendo como fenómeno paranormal experiencias que no pueden ser explicables científicamente, como sobrevivir sin dormir, aprender a ir al baño con una guagua porteada en el fular, no comer o sobrevivir comiendo muy poco, superar mastitis con su dolor invalidante y con terciana, cicatrizar los pezones, sortear una soledad y una inseguridad extremas, tener temores nocturnos y una larga lista de etcéteras.

Luego de un parto maravilloso y un acople a la pechuga sacado del libro “Así se hace” llegamos a la casa un frio martes veintiocho de Julio a las trece horas aproximadamente, me esperaban mi madre y mis perros Luli y Nerón, yo estaba nerviosa por la acogida de los perros, pero como todos los nervios a priori, fueron inservibles porque los perros ignoraron a Valentín. Recuerdo no haber sonreído por lo menos en tres semanas (y no estaba triste), en nuestra pieza había un cartelito que decía “Bienvenido Valentín” y unos globos blancos que había puesto mi mamá, me emocionó mucho ese gesto, además tenía una sopita de pollo de madre deliciosa muy reponedora, fue una llegada diferente, obviamente yo no era la misma, por ende,  mi casa tampoco.

Mi casa tiene dos pisos, tengo que reconocer que no bajé al primer piso en dos semanas completas, por lo tanto,  se comprenderá que no salí de mi casa en  quince días y además prohibí las visitas durante el primer mes, salvo un par de excepciones. Las tres primeras semanas en mi casa fueron una pesadilla de proporciones épicas, lloré sin parar, el dolor en los pechos, en los pezones agrietados y con sangre me hacían pensar en el suicidio, no quería amamantar a mi hijo, me dolía mucho, una amiga me aconsejó sacarme leche y darle en mamadera, lo hice, pero sentía que era poca leche y además también el saca leche me lastimaba infinito, complementé con formula (leche falsa) la alimentación de Valentín con mucha culpa, me sentía una pésima mamá, una pésima hija, una pésima compañera, a mi mamá le dije miles de pesadeces porque no hacia las cosas como yo quería, sabía que era un apoyo, pero no sentía que lo fuera, me sentía profundamente confundida, incomoda.  Mi compañero trabajaba todo el día, lo extrañaba, quería estar con el, buscaba su contención y no la encontraba, el llegaba tarde muy cansado y yo con cara de tres metros, con las pechugas chorreando de leche y sangre, botando el loquio (secreción de sangre, moco y tejido placentario) por la vagina, o sea básicamente con pañales, llorando por el dolor de los pechos y cambiando entre diez y doce pañales al día, sin dormir nada, no dejaba a mi madre ayudarme con las cosas de la guagua, solo de la casa y apenas, ella proponia cualquier cosa y yo le decia que no, que mejor se quedara cerca por si la necesitaba.

Me quería morir, no podía creer que todas las mujeres pasaran por eso y que estuviera completamente normalizado, sabía bien que no tenía depresión puerperial, dado que mirar a mi hijo era sentir que me inundaba de amor, lo sentía, lo abrazaba, lo besaba, le decía cosas lindas sobre el futuro y le decía que yo era una mujer con mucha energía y super divertida que ya iba a conocer. Cada día era casi peor que el anterior, porque el tiempo pasaba muy muy muy lento, y el dolor de los pezones no disminuía, cada succión era un horror, yo solo quería estar bien y poder amamantar a mi cachorro, quería estar sola con él y andar sin ropa, pero me bajó un pudor nunca antes visto, no quería que me vieran dándole teta a mi hijo, ni mi madre, ni mi pareja, ni mi hermana, el resto ni que decir, me sentía infinitamente frustrada porque no sentía en la lactancia un acto de amor, sino una tortura, me ponía las lanolinas (ungüento maravilloso sanador de tetitas) las amapolas (plástico que hace que la lanolina no toque la ropa) y contenedores de leche que son  toallas higiénicas en las pechugas, llena de cosas, productos y gadgets que nunca antes vi o usé. Y yo que me sentía (estúpidamente) experta me di cuenta que no sabia nada, estaba en blanco, en shock, sentía que todo lo que me estaba pasando era muy injusto,  perdía la noción del día o la noche, todo se me hacia cuesta arriba, estaba paralizada de susto, tenia la tele prendida veinticuatro horas al día sin volumen y no veía nada, la luz del velador estaba prendida toda la noche para poder mirar la cara de mi hijo todo el tiempo y no tener que encenderla cuando lo mudaba, mi hijo lloraba en la madrugada con las mudas y yo lloraba con él, me desesperaba montones, mi perro mayor se fue de la pieza (dormían ambos conmigo) y yo lloraba porque lo extrañaba, entonces dormía con mi perrita Luli y mi hijo en la cama de dos plazas y mi compañero en la pieza de al lado porque o si no él no dormía nada y tenia que trabajar temprano y estar descansado. En mi estado de locura puerperial reinó la tozudez, mi mamá y mi compañero fueron muy complacientes y pacientes porque yo estaba irritable, sensible, lábil, voluble, me aislé completamente, inconscientemente quería volver al punto cero, donde estaba justo antes de embarazarme y obviamente eso no era posible. Paula, amiga artista y madre de tres niños y niñas en ese momento estaba embarazada de Sebastián y vivíamos muy cerca, a ella le dije que no quería visitas y vino igual (gesto de amistad inolvidable), lloré con ella y me dijo que todo lo que estaba viviendo era normal, me aliviano mucho verla, escucharla, me sentí menos sola, incluso cuando mi mamá me contaba a diario que sus puerperios habían sido mucho más tristes que los míos y que yo era una afortunada sentía desazón en el alma y el relato de mi amiga, mi par otrora piscolera, generó mucha empatía, me alivianó su relato. Hoy miro hacia atrás y siento mucho no haber podido disfrutarlo, me costo mucho adaptarme, me costo asumir que yo era/soy el alimento de alguien más y no solo en sentido espiritual.

Empecé a leer blogs y libros de maternidades y me encontré con que todo lo que me estaba pasando era la respuesta lógica de las mujeres independientes modernas, egoístas (en el mejor sentido de la palabra) buenas para la fiesta, viajeras o mujeres con el síndrome “Olguita marina”**, es por eso, que como lo mencioné en la introducción empática a las maternidades (en plural porque hay miles de formas), el compromiso (a lo que de muchas formas le temía) empieza a gestarse en el embarazo, pero en el embarazo aunque sea malo (de sentirse mal fisicamente) y tengas que dejar de fumar, beber, salir de noche y muchas otras cosas, sigues de alguna manera estando sola, tu en tu cuerpo, aun puedes salir y caminar escuchando música con audífonos por ejemplo, pero cuando tu hijo o hija llega a este mundo, en este plano donde lo que vemos (como la publicidad) es tan importante, y esta ahí ese humano o humana mirándote, refugiándose en tu cuerpo, pidiéndote leche y otras cosas (no muchas más) el ítem compromiso toma otros ribetes, es tan brutal como la realidad, esa realidad a la que personalmente le hice el quite muchos años en una adolescencia extendida, la vida sin bastones emocionales, sin trago, sin soma, LO REAL (como Lo Prado o Lo Vasquez o Lo Valledor) y esa realidad puede venir de la mano con una demencia tipo alud que se lleva mucho de lo que fuiste y no serás más, como fue y esta siendo en mi caso. Recuerdo que del solo hecho de imaginarme sola en mi casa (vivo sola desde los diecisiete años) me llenaba de desesperación, angustia, pavor, le pedía a mi mamá que se quedara a vivir con nosotros y cuando se iba los fines de semana a su casa para estar con su marido y su perro (recuperar su vida normal) yo sufría como niña abandonada, fue ahí que me comenzó a hacer sentido esa frase algo manoseada que dice que para criar a un hijo es necesaria una tribu entera y sin mi madre y mi pareja todo el día en el trabajo, mi tribu estaba compuesta por mi hijo, mis perros y yo, y yo no me atrevía ni siquiera a bajar al primer piso, tenía una mesa en mi pieza con té, un termo con agua caliente, avena y algún lácteo para ponerle a la avena, tenía galletas y agua, mucha agua para poder sobrevivir, miraba a mis perros y les decía cosas como “Nerón tráeme un plátano” pensando que mágicamente ellos podrían empezar a ayudarme con algunas cosas simples, obviamente eso nunca sucedió.

Entre todo este caos, proceso de adaptación, demostraciones contra fóbicas, sentimientos de injusticia, ojeras, y mucho mucho dolor en las pechugas fui a una matrona experta en lactancia, Pamela Rubio, recomendada por mi amiga Angela, a quien ayudo a parir en su casa, con ella conversé, fue muy empática, cariñosa conmigo y Valentín y reafirmó que los problemas con la lactancia en la mayoría de los casos son de orden emocional, que el acople con el hijo y ese temor que sentimos están relacionados con las sombras que aparecen en el proceso, con las auto exigencias, con las expectativas que tenemos de nosotras como madres y que al hacer abandono de esas normas auto impuestas es muy probable que tengamos una lactancia en mejores términos, cómo no creerle, si al estar contenida por ella por casi dos horas, no tuve ningún problema con darle la teta a mi hijo. También y no menor ayuda psicológica y emocional fue hablar con Pía y Alejandra, amigas que tuvieron muchos problemas con su lactancia, para mi esto ya era como de alcohólicos anónimos, ambas amigas me ayudaron mucho con consejos de mamaderas que no hicieran que la guagua perdiera el gusto por la teta, o el uso de pezoneras mientras sanaban los pezones, o lugares donde consultar, todos los datos que me dieron fueron maravillosos y los ocupé todos, pero lo mejor fue que Alejandra, desde Berlín,  me puso en contacto con una amiga de ella, Carolin, quien me contó que para ella fue tan difícil el inicio de la lactancia que le dio formula a su hija los primeros seis meses hasta que se relajo y ya llevaba más de un año dando la teta, ese relato logro calar hondo en mi psique. Incluso hice un grupo de whattsapp “cooperativa de mamá primeriza” donde incorporé a cinco amigas madres primerizas para que nos apoyáramos con consejos útiles, y si que lo fue; buscaba grupos de apoyo, “las ligas de las tetas”, “las leches de las mamis” o cualquier grupo o amiga que me dijera “tranquila, esto va a salir bien” así fui descubriendo que a veces y en el peor de los casos esa tribu puede ser virtual, una lastima, pero peor es nada.

Me demoré tres semanas en comenzar a empoderarme y adueñarme de mi rol de madre,al cabo de esas tres semanas de inoportuna irritabilidad extrema y de varias discusiones con mi mamá (provocadas por mi obviamente) terminé pidiéndole que se fuera, en muy buenos términos, y comencé el mismo día de estar sola en mi casa con los perritos y Valentín a darle la teta sin dolor y a libre demanda.

Ya han pasado varios meses de esas primeras tres semanas de delirio y obviamente siguen habiendo dificultades día a día (como la tendinitis de la muñeca izquierda que duro 5 meses), aprendizajes por montón, y he podido ir comprobando que todos, realmente todos los consejos y datos que me han dado con respecto a las etapas de desarrollo de mi hijo han sido bastante acertados, que si bien los primeros tres meses son de una adaptación de supervivencia del uno/una con la otra, donde aprendes cuando llora por qué llora, comienzas a conocer sus horarios, te adaptas a no dormir (yo lloraba por no poder dormir) todo lo que viene es tremendamente gratificante porque ya ellos y ellas comienzan a interactuar más con su entorno y por ende con una, y las carcajaditas, las sonrisas y cada avance y nuevo movimiento hacen que valga la pena todo.

Todo  ese “desorden” de la vida personal, todo ese viaje sin retorno, como todos los viajes te hace mejor persona, una mejor persona más irritable con mucha falta de sueño, donde tus decisiones ya no solo pasan por ti, sino, por él o ella.

*Postergeist: concepto apócrifo, como Poltergeist (la película de terror)

**En el año 1996 se emitió en Chile la teleserie “Sucupira”, más tarde, países como Ecuador, Costa Rica, México y Panamá también televisaron la novela. Transcurría en un pueblo playero de este mismo nombre, que se caracterizaba por cómicos y bizarros personajes. Entre ellos se encontraba don Segundo Fabregas, farmacéutico adorador de su esposa Olga, a la que dulcemente llamaba Olguita Marina. La historia se torna cómica cuando a esta particular mujer le vienen sus “ahogos” –como ella misma los bautiza– y simplemente desaparece para irse al norte del país, mientras su devoto marido sufre por su ausencia, intentando múltiples veces suicidarse, sin llegar a buen puerto.(fuente:bebloggera.com)

El orden de los factores si altera el producto.

Ser mujer hoy, estar entrada en los treinta años y ser madre por primera vez abrió un mar, un mundo, un cielo, e incluso un universo  de nuevos paradigmas y cuestionamientos en cuanto a mi individualidad, el ego, el propio ego, el pasado, mi familia, el futuro, la pareja, mis amigos y amigas, la casa, la casa propia, la sexualidad, la niñez, la fiesta, el trabajo, los campos de acción, mi alimentación, la ley Emilia, la alimentación de las personas, el transporte, la vialidad, la planificación urbana, la señalética, la salud, la educación, la discriminación, el adulto centrismo, el machismo, la idiosincrasia, la cultura, el feminismo, el país, la ley zamudio, la violencia y la desigualdad, entre otras cosas. En fin, mucho de lo que pensaba dejé de pensarlo y he pensado y procesado cosas nuevas que se han hecho parte de mi.

Eso de que la maternidad te hace mejor persona lo había escuchado y lo había leído, pero no podía comprenderlo, me parecía una frase cursi cargada de hipocresía, como esas frases Disney de buena crianza,  sin embargo,  ahora lo entiendo en muchos sentidos incluso en éste, el de estar escribiendo al respecto, en comprender que una y quienes la entornan serán el ejemplo de esa persona que se eligió traer para formar, por ende, y en el mejor de los casos comenzamos a “hacer bien las cosas” o a tener más conciencia del por qué, el cómo y cuándo hacemos lo que hacemos. Comenzamos a comprender que somos madres y padres con ganas de hacer un mundo mejor no solo para nuestros niños y niñas , sino, para todos y todas las que están y las/los que vengan (hermosa utopía).

Volver a hacerse las mismas preguntas que pretéritamente en la adolescencia, escuchando algún compilado noventero en el personal stereo caminando sin rumbo nos hicimos, pero que hoy tienen tan diversas respuestas basadas en nuestra propia memoria, en nuestros aprendizajes, nuestro recorrido.

 Es así como el viaje a la maternidad en nosotras comienza durante nuestra gestación, ya que desde que somos fetos (fetas) traemos con nosotras nuestros ovocitos que nos determinan en cuanto a nuestra fertilidad y luego dependiendo de la cultura en que nos toque nacer es que vamos a ir determinando si queremos o no ser madres, a que edad queremos ser madres o que tipo de madre queremos o podemos ser, la trabajólica, la eco mamá, la mamá dueña de casa, la mamá medieval, moderna o posmoderna o la mamá híbrida que para el caso viene siendo casi lo mismo que la mamá posmoderna.

 Mi historia es bastante común y normal, yo quería ser mamá desde los quince años, pero no solo quería ser mamá, quería ser cantante, estudiar literatura, ser escritora, viajar a Europa y vivir allá, conocer “El mundo”, bailar, probar cosas nuevas y  básicamente vivir un ideal de felicidad como lo había visto en varias películas que mostraban cómo eran las mujeres independientes que lo pasaban bien (pre concepciones del cómo se debe ser mujer independiente) y dentro de ese ser feliz estaba la idea de ser madre, pero no solo de ser madre, sino de formar una familia. Claramente con el tiempo con la edad y el devenir de los años, en una adolescencia tardía (el segundo decenio de la vida),  me di cuenta que no quería tener hijos o hijas aun, que era mejor estudiar, conocer y empaparme de la vida, viajar y disfrutar con la familia, amigos, amigas, parejas y quienes quisieran sumarse en esa linda empresa del goce.

Entonces cuando terminé mi primer pregrado comencé a trabajar, a vivir sola y también a viajar, mis planes de maternidad habían quedado tan postergados que incluso había tomado la decisión de posponerla de manera perpetua, tenía el discurso de la sobre población mundial muy aprendido y buscaba siempre justificaciones aun más profundas para la pregunta “¿Por qué no tener hijos o hijas?” carecían ya de sentido la maternidad, la bi parentalidad y la familia, posturas que no hacen referencia a una etapa del desarrollo, son opciones válidas en cualquier etapa de a vida. Luego casi ad portas de los treinta años, con pareja estable y comenzando un segundo pregrado, empecé a sentir un gran deseo, necesidad, llamado, o no sé como llamarlo bien, pero yo decía: “siento mi útero vacío” así como otra amiga me decía que sentía que le estaba haciendo “snoose” a su reloj biológico al posponer tanto su maternidad en pro de su vida profesional.  Yo quería ser mamá, lo sentí, lo dije, los grite a los cuatro vientos, se convirtió en un tema de conversación con mis amigas, con mi mamá, en los asados, lo hablé con quien era mi pareja y no había ninguna posibilidad, ya que él no estaba dispuesto a ser padre aun, ni tenía planes para el futuro cercano, así fue como llego a mi vida Nerón, mi hermoso canino (objeto libidinal) a quien rescaté del frio y la oscuridad de la noche hostil, Nerón se convirtió en mi perrhijo y efectivamente “calmó” (por un tiempo) mis deseos de maternidad, de cuidar a un mamífero. Al poco tiempo, en el trazo real e imaginario de los caminos de la vida, me separé de esa pareja y tiempo después conocí al padre de mi hijo, cuando nos conocimos hablamos de tener hijos y casarnos y en un vaporoso espacio temporal nos embarazamos y fue ahí que comenzó la increíble (de no creerlo!!!) travesía que ha significado para mi la maternidad, desde la intuición de la fecundación hasta el puerperio, el parto, la locura, la soledad y el todo y lo que falta.

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